9 de marzo de 2026
San Paciano, Santa Francisca Romana, los cuarenta mártires de Sebaste, Santa Catalina de Bolonia

Hoy, 9 de marzo, celebramos la festividad de: san Paciano, obispo de Barcelona; de santa Francisca Romana, religiosa; santa Catalina de Bolonia; y de los cuarenta mártires de Sebaste.
San Paciano, obispo de Barcelona
Nacido probablemente en Barcino a principios del siglo IV en el seno de una familia patricia, fue obispo de Barcelona en la época en que, tras los duros años de las persecuciones, era necesario organizar la Iglesia de cara a los nuevos tiempos. El más célebre obispo y escritor de la Barcelona antigua escribió diferentes obras sobre los sacramentos y otros escritos, de los cuales conservamos una "Exhortación a la penitencia", un sermón "Sobre el bautismo" y tres cartas. San Paciano es un testimonio privilegiado de la praxis antigua de los sacramentos desde el punto de vista pastoral: entiende a la Iglesia como madre acogedora que perdona del todo en el bautismo y que puede volver a perdonar el pecado grave en la penitencia: “El Señor no quiere que se pierda ninguno de nosotros; los pequeños e insignificantes también son buscados... Vamos, pecador, no dejes de orar, ya ves qué fiesta se hace por tu conversión”.
En este mismo sentido escribió tres cartas dirigidas a Semproniano, que había abrazado la herejía novaciana. En una de estas cartas se encuentra su célebre frase: “mi nombre es cristiano, y católico mi apellido. El primero describe lo que soy, el segundo lo explica y lo pone a prueba”. Murió ya anciano a finales del siglo IV.
Fue elogiado por san Jerónimo, que dedicó una obra al hijo de san Paciano y amigo suyo: Diestro. Es un verdadero teólogo: al conocimiento de la Sagrada Escritura, añadía los de los escritores cristianos africanos como Tertuliano, Cipriano y Lactancio, a quienes cita con frecuencia. San Paciano es considerado uno de los Padres latinos de la Iglesia. Venerado igualmente en la Iglesia ortodoxa, su canonización es antigua; ya figura ininterrumpidamente en las listas de los santos desde el siglo VI.
Santa Francisca Romana, religiosa
Francisca Ponziani nació en Roma en 1384 en el seno de una familia noble. Fue ante todo una esposa modelo y una madre llena de amor y atenta a la educación de sus tres hijos, el primero de los cuales tuvo a los diecisiete años. Sufrió los dramas de la guerra civil viendo cómo su marido, su hijo y su cuñado partían hacia la prisión o el exilio. Dedicaba mucho tiempo a la oración y al servicio de los pobres en la Roma asolada por la miseria, la peste y el hambre, consecuencias de la guerra: hacía de enfermera en el hospital vecino que su propia familia había fundado.
Después de la muerte de su marido, ingresó en la Congregación de las Oblatas Olivetanas de Santa María Nuova (llamadas más tarde de Tor de'Specchi), que ella misma había fundado para atender a los necesitados y a una vida de oración. Sus modelos inspiradores fueron, como ella misma declaró: el realismo benedictino mirando a la conversión de costumbres, la estabilidad y la vida de oración; el ideal de pobreza franciscana mendicante; y el impulso apostólico y caritativo de san Pablo.
Murió el 9 de marzo del año 1440 y fue proclamada santa de la Iglesia en 1608 en medio de una gran fiesta: el senado de la ciudad decidió cambiar el apellido familiar de la santa por el sobrenombre de “Romana” y la declaró abogada de la urbe. Ella, que había querido ser la “poverella” del Trastevere, acabaría siendo conocida en todas partes como santa Francisca, la más venerada ciudadana de Roma.
Los cuarenta mártires de Sebaste
Según los testimonios de san Basilio y de san Gregorio de Nisa, sabemos de estos jóvenes militares romanos de la Legión XII Fulminata. Hacia el año 320, el emperador Licinio decretó que todos aquellos que no adoraran a los dioses serían condenados a muerte. Cuarenta soldados se declararon cristianos y se negaron a hacerlo y a abjurar de la fe, a pesar de la larga estancia en la prisión. Fueron condenados a morir de frío expuestos desnudos en una noche de invierno sobre un estanque helado cerca de Sebaste (situada en la península asiática de Anatolia, dentro de la actual Turquía). Para acentuar el suplicio, dejaron abiertas las puertas de las termas que había allí, desde donde salía el vapor caliente. Solo uno de ellos flaqueó y abjuró aquella noche, pero uno de los guardianes, con el grito “soy cristiano”, completó a última hora el número de los cuarenta.
Santa Catalina de Bolonia, religiosa
Catalina Vegri nació en Bolonia en 1413 en el seno de una familia noble y rica. Recibió una esmerada educación humanística y desarrolló sus dotes naturales para la música, la poesía y sobre todo la pintura, ilustrando con miniaturas diversos libros. Después de una experiencia piadosa en un convento de terciarias franciscanas, y de unos años de tribulación espiritual, fundó en 1432 con otras jóvenes la primera comunidad de Hermanas Clarisas de Ferrara. Pronto la nombraron maestra de novicias. Allí escribe su obra capital: “Las siete armas”, aunque su versión completa no vería la luz hasta después de su muerte. En 1436 se traslada de nuevo a Bolonia para poner en marcha como abadesa un nuevo monasterio. Catalina destacó por su pobreza y humildad, oración y austeridad. Ella recomendaba a sus hermanas tres cosas: hablar bien de todo el mundo, practicar constantemente la humildad y, finalmente, no meterse en asuntos ajenos.
Murió el 9 de marzo de 1463 en el monasterio del Corpus Domini de Bolonia, donde todavía hoy es objeto de gran veneración. Desde 1712, es venerada como santa.