7 de marzo de 2026
Santas Felicidad y Perpetua y Santa Teresa Margarita Redi

Hoy, 7 de marzo, celebramos la festividad de santa Perpetua y santa Felicidad, mártires; y la de santa Teresa Margarita Redi, virgen.
Santas Felicidad y Perpetua, mártires
En el año 203, probablemente el 7 de marzo, durante la persecución del emperador Septimio Severo, murieron mártires en el anfiteatro de Cartago —la capital del norte de África romana— Felicidad y Perpetua, mujeres de poco más de veinte años, junto con su catequista Sátiro y otros tres catecúmenos (Revocado, Saturnino y Secúndulo).
Perpetua, matrona romana y madre de un niño de pecho, y su esclava Felicidad, que dio a luz a una niña en la prisión, fueron bautizadas con los otros catecúmenos allí mismo en la cárcel. Tras no abjurar y mantenerse firmes en la fe cristiana ante el juez, fueron azotados y condenados a morir por las fieras durante el festival por el aniversario del emperador. Tres de los hombres (Secúndulo ya había muerto en la cárcel) fueron conducidos al anfiteatro, azotados por una hilera de gladiadores y, atados, hicieron frente a un jabalí y a un oso, y finalmente a un leopardo; mientras que las mujeres sufrieron las embestidas de una vaca salvaje. Finalmente, los degollaron con la espada.
De su encarcelamiento y martirio se conserva un relato detallado formado, en gran parte, por los escritos en la cárcel de Sátiro y de la misma Perpetua, y de un testigo ocular de los hechos. Así sabemos que Perpetua dijo en la arena: “estad firmes en la fe y amaos los unos a los otros, y no os escandalicéis por mi sufrimiento”.
Santa Teresa Margarita Redi, virgen
Anna Maria Redi nació en el año 1747 en el seno de una familia noble de Arezzo (Italia). Después de recibir su educación en la escuela de las monjas benedictinas de santa Apolonia de Florencia, en 1764 ingresa en el monasterio de la orden de las carmelitas descalzas de esta ciudad, donde toma el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús en honor a santa Teresa de Jesús y santa Margarita Alacoque.
Sus años en el monasterio fueron de una vida humilde, escondida en el amor y en la inmolación de sí misma, guiándose por aquella frase de la primera carta de san Juan: “Dios es amor”. Vivió dedicada al servicio primordial y constante hacia sus hermanas, especialmente las enfermas, llegando a tener el apodo de “santa enfermera”. Murió con la cabeza inclinada y abrazada a su amado crucifijo: era el 7 de marzo de 1770 y tenía solo veintitrés años.
Fue canonizada en 1934. De ella dijo Edith Stein: “no realizó hechos brillantes que llamaran la atención, ni su reputación llegó al resto del mundo. Pero fue como un lirio en un valle tranquilo, y su poderosa y dulce fragancia cautivó a todos aquellos que vivían cerca de ella”.