5 de marzo de 2026
San Gerásimo, San Lucio I y San Juan José de la Cruz
Hoy, 5 de marzo, celebramos la festividad de: san Gerásimo, abad; san Lucio I, papa; san Adrián, mártir; y san Juan José de la Cruz, religioso.

San Gerásimo, abad

Nació a comienzos del siglo IV en la región de Licia, en la actual Turquía. De joven se sintió llamado a la vida ascética y se retiró como ermitaño al desierto de la Tebaida, en Egipto. Posteriormente, se trasladó al desierto de Judá, cerca de Jericó. Allí fundó una laura con un monasterio central y ermitas aisladas. Gracias a la influencia de san Eutimio, abandonó el monofisismo y se adhirió a la doctrina calcedoniana, reconociendo las dos naturalezas de Cristo: divina y humana. Murió hacia el año 475.

Es célebre la leyenda que dice que un día, mientras el monje paseaba junto al río Jordán, curó a un león sacándole una espina de la pata, y que el animal permaneció mansamente con él hasta que, una vez muerto el anacoreta, se recostó sobre su tumba hasta morir.

San Lucio I, papa

Lucio, originario de Roma, fue elegido papa en el año 253 para suceder a san Cornelio y, al igual que él anteriormente, fue exiliado. Sin embargo, pronto pudo regresar a Roma gracias al acceso al poder del emperador Valeriano, quien al inicio de su mandato fue favorable a los cristianos. A su regreso, tuvo que enfrentarse a la difícil cuestión de qué hacer con los lapsi, los cristianos que habían apostatado durante la persecución. Lucio supo adoptar posturas tolerantes de readmisión de estos tras prácticas penitenciales, siguiendo las tesis de san Cornelio y san Cipriano, frente a la intransigencia del antipapa Novaciano. Murió en el año 254.

San Juan José de la Cruz, religioso

Carlo Gaetano Calosirto nació en la isla de Isquia (Nápoles) en 1654. Con solo dieciséis años ingresó en los franciscanos, tomando el nombre de Juan José de la Cruz. Pronto destacó por su gran ascesis, basada en una vida marcada por la penitencia, la oración y la austeridad. Introdujo en Italia la reforma de san Pedro de Alcántara, que promovía el retorno a la pobreza inicial, llegando a fundar un convento reformado. Durante toda su vida vistió un único hábito, desgarrado y muy remendado, por lo que recibió el sobrenombre de “el fraile de los cien remiendos”. Durante veinte años fue provincial de la orden. También es conocido como buen confesor y director espiritual, así como autor de diversos milagros y curaciones. Murió el 5 de marzo de 1734. Su canonización data de 1839.