Regla de Sant Benet

8 de septiembre
1:1-5
La vida es un combate interior. San Benito nos recuerda que todos llevamos dentro de nosotros luchas, debilidades y deseos que hay que aprender a ordenar. El monje auténtico no es el perfecto que nunca cae, sino el que no deja de trabajarse y de volver a empezar. La santidad no es no tener debilidades, sino dejar que Dios las transforme. No se trata de vencer a los demás, sino de dejar que Cristo venza en nosotros aquello que nos aleja del amor. Y no lo hacemos solos: caminamos “en las filas de los hermanos”, ayudándonos y sosteniéndonos unos a otros. Porque el fruto de esta lucha no es una rigidez ascética, sino la libertad, la paz y la dulzura del amor.
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1 Como todos sabemos, existen cuatro géneros de monjes. 2 El primero es el de los cenobitas, es decir, los que viven en un monasterio y sirven bajo una regla y un abad. 3 El segundo género es el de los anacoretas, o, dicho de otro modo, el de los ermitaños. Son aquellos que no por un fervor de novato en la vida monástica, sino tras larga prueba en el monasterio, 4 aprendieron a luchar contra el diablo ayudados por la compañía de otros, 5 y, bien formados en las filas de sus hermanos para el combate individual del desierto, se encuentran ya capacitados y seguros sin el socorro ajeno, porque se bastan con el auxilio de Dios para combatir, sólo con su brazo contra los vicios de la carne y de los pensamientos.