Regla de Sant Benet

7 de septiembre
Prólogo 45-50
Una escuela del servicio divino. También la vida espiritual se aprende. Al principio, el camino puede parecer estrecho y pesado, porque aprender a vivir según el Evangelio exige tiempo, paciencia y perseverancia. Pero san Benito nos invita a no desfallecer porque “avanzando en la vida monástica y en la fe, se ensancha el corazón y corremos por la vía de los mandamientos de Dios en la inefable dulzura del amor”. Poco a poco descubrimos que el camino que parecía exigente nos conduce, con la ayuda de Dios y nuestra colaboración, a la verdadera felicidad: a participar de su reino, a dejarnos amar por él y a aprender nosotros también a amar.
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45 Vamos a instituir, pues, una escuela del servicio divino. 46 Y, al organizarla, no esperamos disponer nada que pueda ser duro, nada que pueda ser oneroso. 47 Pero si, no obstante, cuando lo exija la recta razón, se encuentra algo un poco más severo con el fin de corregir los vicios o mantener la caridad, 48 no abandones en seguida, sobrecogido de temor, el camino de la salvación, que forzosamente ha de iniciarse con un comienzo estrecho. 49 Mas, al progresar en la vida monástica y en la fe, ensanchado el corazón por la dulzura de un amor inefable, vuela el alma por el camino de los mandamientos de Dios. 50 De esta manera, si no nos desviamos jamás del magisterio divino y perseveramos en su doctrina y en el monasterio hasta la muerte, participaremos con nuestra paciencia en los sufrimientos de Cristo, para que podamos compartir con él también su reino. Amén.