26 de octubre
Capítulo 19

Regla de Sant Benet

Que concuerden lo que pensamos y lo que decimos. El Oficio divino exige una conciencia viva de encontrarnos ante la presencia de Dios. Se nos invita a servir al Señor con un profundo respeto y a salmodiar con gusto, sabiendo que la liturgia no es una mera recitación externa. El verdadero reto radica en hacer concordar nuestro pensamiento con la voz cuando recitamos los salmos. Cuando dejamos que la Palabra nos vaya empapando, la oración se convierte en un auténtico motor de transformación y en un camino de comunión con el Señor.
¹ Creemos que Dios está presente en todas partes y que «los ojos del Señor contemplan en todo lugar a buenos y malos»; ² pero esto, creámoslo sobre todo sin sombra de duda cuando asistimos al Oficio divino. ³ Por tanto, acordémonos siempre de lo que dice el profeta: «Servid al Señor con temor»; ⁴ y también: «Salmodiad con sabiduría»; ⁵ y: «En presencia de los ángeles salmodiaré para ti». ⁶ Consideremos, pues, cómo conviene estar en presencia de la divinidad y de sus ángeles, ⁷ y mantengámonos en la salmodia de tal manera que nuestra mente concuerde con nuestra voz.