19 de octubre
Capítulo 15

Regla de Sant Benet

El aleluya, expresión de la alegría y alabanza pascual. El uso del aleluya según el ciclo litúrgico nos recuerda que el tiempo de la Iglesia tiene un ritmo anual que se refleja en la oración. Más allá de la precisión normativa para los salmos, los responsorios y las horas, esta alternancia marca el latido de la comunidad, que sabe celebrar el gozo de la Resurrección con intensidad y, al mismo tiempo, atravesar la sobriedad del tiempo ordinario. El canto exultante de alabanza del aleluya mantiene viva la esperanza y recuerda a los monjes que toda su vida está bañada por la luz del Cristo resucitado.
1 Desde la santa Pascua hasta Pentecostés se dirá el aleluya sin interrupción tanto en los salmos como en los responsorios. 2 Pero desde Pentecostés hasta el principio de la cuaresma solamente se dirá todas las noches con los seis últimos salmos del oficio nocturno. 3 Mas los domingos, menos en cuaresma, han de decirse con aleluya los cánticos, laudes, prima, tercia, sexta y nona; las vísperas, en cambio, con antífona. 4 Los responsorios nunca se dirán con aleluya, a no ser desde Pascua hasta Pentecostés.