Regla de Sant Benet

4 de septiembre
Prólogo 22-30
¿Quién habitará en el monte santo del Señor? Aquel que rechaza el mal y lo aplasta contra el Cristo, quien no engaña ni hace mal al prójimo, quien practica la justicia. La vida en el templo de Dios no nos encierra entre murallas, ni su montaña nos separa con precipicios de los demás, ni nos aleja de quienes tenemos al lado, sino que nos hace responsables de ellos. Y, al mismo tiempo, nos recuerda que el bien que hacemos no es solo mérito nuestro, ni motivo de orgullo, porque también nos ha sido dado: es fruto de la obra de Dios en nosotros. Hacer el bien y dar gloria a Dios: ahí está una de las claves de la vida benedictina.
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22 Si deseamos habitar en el tabernáculo de este reino, hemos de saber que nunca podremos llegar allá a no ser que vayamos corriendo con las buenas obras 23 Pero preguntemos al Señor como el profeta, diciéndole: «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y descansar en tu monte santo?» 24 Escuchemos, hermanos, lo que el Señor nos responde a esta pregunta y cómo nos muestra el camino hacia esta morada, diciéndonos: 25 «Aquél que anda sin pecado y practica la justicia; 26 el que habla con sinceridad en su corazón y no engaña con su lengua; 27 el que no le hace mal a su prójimo ni presta oídos a infamias contra su semejante». 28 Aquel que, cuando el malo, que es el diablo, le sugiere alguna cosa, inmediatamente le rechaza a él y a su sugerencia lejos de su corazón, «los reduce a la nada», y, agarrando sus pensamientos, los estrella contra Cristo. 29 Los que así proceden son los temerosos del Señor, y por eso no se inflan de soberbia por la rectitud de su comportamiento, antes bien, porque saben que no pueden realizar nada por sí mismos,sino por el Señor, 30 proclaman su grandeza, diciendo lo mismo que el profeta: «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre, da la gloria»,