5 de octubre
Capítulo 7: 51-54

Regla de Sant Benet

Pequeños y limitados, pero amados. Sentirnos pequeños y limitados ante Dios no significa perder la autoestima, sino situarnos en la verdad del Evangelio, que nos recuerda que somos hijos de Dios y que debemos lo que somos a su amor, no a nuestros méritos. Conviene interiorizar nuestra pequeñez —como el salmista que se describe como un gusano y no como un hombre— no para caer en el desaliento, sino para identificarnos plenamente con Jesucristo, quien se rebajó hasta el extremo por amor. Esta humildad nos libera de la tentación de juzgar a los demás, nos hace más comprensivos y acogedores, y nos abre a dejar que Dios impregne nuestras vidas.
51 El séptimo escalón de la humildad consiste en que no solo con la lengua diga que es el último y el más vil de todos, sino que lo sienta también así en lo más hondo de su corazón, 52 humillándose y diciendo con el profeta: «Yo soy un gusano y no un hombre, oprobio de los hombres y desprecio del pueblo; 53 me he exaltado a mí mismo y he sido humillado y confundido». 54 Y también: «Es un bien para mí que me hayas humillado: así he aprendido tus mandamientos».