27 de septiembre
Capítulo 7:10-18

Regla de Sant Benet

Vivir bajo la mirada amorosa de Dios. El primer escalón de la humildad nos invita a mantener vivo el “temor de Dios”, que no es el miedo ante un juez severo, sino una actitud reverencial, de profunda veneración y amor respetuoso. Sabernos en todo momento bajo la mirada amorosa del Señor, que escruta el corazón y conoce nuestros pensamientos, es el antídoto perfecto contra la enfermedad de intentar ser el centro de la creación: la autorreferencialidad. Cuando dejamos que Dios, y no nosotros mismos, sea el verdadero punto de referencia de nuestra vida, nos libramos del subjetivismo y podemos caminar con un corazón limpio y confiado por la vía del Evangelio.
10 Y así, el primer grado de humildad es que el monje mantenga siempre ante sus ojos el temor de Dios y evite por todos los medios echarlo en olvido; 11 que recuerde siempre todo lo que Dios ha mandado y medite constantemente en su espíritu cómo el infierno abrasa por sus pecados a los que menosprecian a Dios y que la vida eterna está ya preparada para los que le temen. 12 Y, absteniéndose en todo momento de pecados y vicios, esto es, en los pensamientos, en la lengua, en las manos, en los pies y en la voluntad propia, y también en los deseos de la carne, 13 tenga el hombre por cierto que Dios le está mirando a todas horas desde el cielo, que esa mirada de la divinidad ve en todo lugar sus acciones y que los ángeles le dan cuenta de ellas a cada instante.

14 Esto es lo que el profeta quiere inculcarnos cuando nos presenta a Dios dentro de nuestros mismos pensamientos al decirnos: «Tú sondeas, ¡oh Dios!, el corazón y las entrañas». 15 Y también: «El Señor conoce los pensamientos de los hombres». 16 Y vuelve a decirnos: «De lejos conoces mis pensamientos». 17 Y en otro lugar dice: «El pensamiento del hombre se te hará manifiesto». 18 Y para vigilar alerta todos sus pensamientos perversos, el hermano fiel a su vocación repite siempre dentro de su corazón: «Solamente seré puro en su presencia si sé mantenerme en guardia contra mi iniquidad».