26 de septiembre
Capítulo 7:5-9

Regla de Sant Benet

La escalera de la humildad. Esta sugerente escalera de Jacob reconecta cielo y tierra en una especie de peregrinaje espiritual muy diferente del modelo del mundo actual: aquí no hay una subida triunfal basada en méritos propios, en el triunfo, la posesión o el control, sino un camino donde paradójicamente “por la exaltación se baja y por la humildad se sube”. Nos hace dar cuenta de que el verdadero ascenso no se consigue acumulando éxitos, sino despojándonos de la suficiencia para dejar espacio a Dios. Por eso, el crecimiento espiritual nos pide poner en ello a toda la persona, cuerpo y alma, para recorrer, escalón a escalón y con la ayuda de Dios, esta escalera que conduce hasta el Señor.
1 La divina escritura, hermanos, nos dice a gritos: "Todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado". 2 Con estas palabras nos muestra que toda exaltación de sí mismo es una forma de soberbia. 3 El profeta nos indica que él la evitaba cuando nos dice: "Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad". 4 Pero ¿qué pasará "si no he sentido humildemente de mí mismo, si se ha ensoberbecido mi alma? Tratarás a mi alma como al niño recién destetado, que está penando en los brazos de su madre".

5 Por tanto, hermanos, si es que deseamos ascender velozmente a la cumbre de la más alta humildad y queremos llegar a la exaltación celestial a la que se sube a través de la humildad en la vida presente, 6 hemos de levantar con los escalones de nuestras obras aquella misma escala que se le apareció en sueños a Jacob, sobre la cual contempló a los ángeles que bajaban y subían. 7 Indudablemente, a nuestro entender, no significa otra cosa ese bajar y subir sino que por la altivez se baja y por la humildad se sube. 8 La escala erigida representa nuestra vida en este mundo. Pues, cuando el corazón se abaja, el Señor lo levanta hasta el cielo. 9 Los dos largueros de esta escala son nuestro cuerpo y nuestra alma, en los cuales la vocación divina ha hecho encajar los diversos peldaños de la humildad y de la observancia para subir por ellos.