25 de septiembre
Capítulo 7:1-4

Regla de Sant Benet

El grito de la humildad. El inicio del capítulo se hace sentir con la fuerza de un grito bíblico: “Todo aquel que se enaltece será humillado, pero el que se humilla será enaltecido”. La humildad no es una apariencia externa ni una bajeza fingida, sino una disposición profunda del corazón, de la mente y del alma ante el Dios transcendente y creador. Reconocer que somos criaturas con nuestras limitaciones y debilidades nos libra de las fantasías de autosuficiencia. Este camino no busca disminuir a la persona o dejarla sin autoestima, sino configurarla con Cristo y hacerla capaz de una alegría profunda y que pueda acoger sinceramente a los hermanos. La humildad es la escalera que nos lleva a la verdadera libertad de los hijos de Dios.
1 La divina escritura, hermanos, nos dice a gritos: «Todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado». 2 Con estas palabras nos muestra que toda exaltación de sí mismo es una forma de soberbia. 3 El profeta nos indica que él la evitaba cuando nos dice: "Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad". 4 Pero ¿qué pasará «si no he sentido humildemente de mí mismo, si se ha ensoberbecido mi alma? Tratarás a mi alma como al niño recién destetado, que está penando en los brazos de su madre".