Regla de Sant Benet

19 de septiembre
Capítulo 4:22-43
No guardar resentimiento en el corazón. No podemos evitar que surjan malos pensamientos o inclinaciones negativas, el reto es tener la capacidad de transformarlos y trabajarnos interiormente para reconvertirlos. Sabemos que con nuestras propias fuerzas esto es casi imposible: de ahí la necesidad de poner toda nuestra confianza en Dios, que nos sostiene y nos guía siempre. Por eso, todo aquello que conseguimos hacer de bueno no es fruto de las propias fuerzas ni de voluntarismo puro, sino que debe atribuirse a Dios. Al fin y al cabo, este esfuerzo constante no es más que intentar dejarnos transformar por Dios, entregándole nuestras debilidades para vivir con un corazón reconciliado y auténtico.
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22 No consumar los impulsos de la ira 23 ni guardar resentimiento alguno. 24 No abrigar en el corazón doblez alguna, 25 no dar paz fingida, 26 no cejar en la caridad. 27 No jurar, por temor a hacerlo en falso; 28 decir la verdad con el corazón y con los labios. 29 No devolver mal por mal, 30 no inferir injuria a otro e incluso sobrellevar con paciencia las que a uno mismo le hagan, 31 amar a los enemigos, 32 no maldecir a los que le maldicen, antes bien bendecirles; 33 soportar la persecución por causa de la justicia. 34 No ser orgulloso, 35 ni dado al vino, 36 ni glotón, 37 ni dormilón, 38 ni perezoso, 39 ni murmurador, 40 ni detractor. 41 Poner la esperanza en Dios. 42 Cuando se viera en sí mismo algo bueno, atribuirlo a Dios y no a uno mismo; 43 el mal, en cambio, imputárselo a sí mismo, sabiendo que siempre es una obra personal.