Regla de Sant Benet

18 de septiembre
Capítulo 4:1-21
No anteponer nada al amor de Cristo. Esta es la brújula que debe orientarnos en la práctica de las buenas obras. Estas herramientas espirituales, que parten de los mandamientos y las obras de misericordia, nos interpelan sobre si realmente tenemos el deseo y la práctica de trabajarnos constante y seriamente a nivel espiritual. O bien nos conformamos con la mediocridad de ir tirando. Vivir estos preceptos exige, pues, una disponibilidad total, incluyendo la abnegación del propio yo y la práctica incondicional de la caridad, porque nos invitan a tratar al prójimo como lo haría Cristo. Al fin y al cabo, todo este esfuerzo ascético no tiene otro sentido que el de poner el amor de Cristo en el centro absoluto de nuestras vidas.
1 Ante todo, «amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las 2 fuerzas», y además «al prójimo como a sí mismo». 3 Y no matar. 4 No cometer adulterio. 5 No hurtar. 6 No codiciar. 7 No levantar falso testimonio, 8 Honrar a todos los hombres 9 y «no hacer a otro lo que uno no desea para sí mismo». 10 Negarse sí mismo para seguir a Cristo. 11 Castigar el cuerpo. 12 No darse a los placeres, 13 amar el ayuno. 14 Aliviar a los pobres, 15 vestir al desnudo, 16 visitar a los enfermos, 17 dar sepultura a los muertos,18 ayudar al atribulado, 19 consolar al afligido. 20 Hacerse ajeno a la conducta del mundo, 21 no anteponer nada al amor de Cristo.