Regla de Sant Benet

13 de septiembre
Capítulo 2:23-29
Cada persona, un camino diverso. San Benito sabe que no todos somos iguales ni crecemos de la misma manera. Cada uno tiene características y dones diferentes. Por eso pide al abad que sepa discernir el momento, la forma y la medida de la palabra que cada persona necesita. Corregir no es juzgar ni imponer, sino intentar ayudar al otro a trabajarse, a crecer y a abrirse a la Palabra de Dios. Amar de verdad es también saber averiguar qué necesita cada uno para poder dar lo mejor de sí mismo.
23 El abad debe imitar en su pastoral el modelo del Apóstol cuando dice: "Reprende, exhorta, amonesta". 24 Es decir, que, adoptando diversas actitudes, según las circunstancias, amable unas veces y rígido otras, se mostrará exigente, como un maestro inexorable, y entrañable, con el afecto de un padre bondadoso. 25 En concreto: que a los indisciplinados y turbulentos debe corregirlos más duramente; en cambio, a los obedientes, sumisos y pacientes debe estimularles a que avancen más y mas. Pero le amonestamos a que reprenda y castigue a los negligentes y a los despectivos.

26 Y no encubra los pecados de los delincuentes, sino que tan pronto como empiecen a brotar, arránquelos de raíz con toda su habilidad, acordándose de la condenación de Helí, sacerdote de Silo. 27 A los más virtuosos y sensatos corríjales de palabra, amonestándoles una o dos veces; 28 pero a los audaces, insolentes, orgullosos y desobedientes reprímales en cuanto se manifieste el vicio, consciente de estas palabras de la Escritura: «Sólo con palabras no escarmienta el necio». 29 Y también: "Da unos palos a tu hijo, y lo librarás de la muerte".