Regla de Sant Benet

10 de septiembre
Capítulo 2:1-10
Quién guía a la comunidad? El abad hace las veces de Cristo, dice san Benito. Pero el abad no es Cristo: es una persona concreta con sus limitaciones, con sus aciertos y sus errores. La fe nos invita a mirar más allá de esa persona y a descubrir en su servicio una mediación de Dios. También el abad debe vivir esta responsabilidad con humildad, oración y discernimiento, porque su autoridad no es para imponer su voluntad, sino para ayudar a los hermanos a avanzar por el camino de la vida evangélica. Y, de la misma manera, la obediencia de los monjes no tiene como fin complacer al abad ni seguirlo ciegamente, sino dejarse guiar por él en la búsqueda de Dios.
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1 El abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras su nombre de superior. 2 Porque, en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre, 3 según lo que dice el Apóstol: «Habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: Abba! ¡Padre!» 4 Por tanto, el abad no ha de enseñar, establecer o mandar cosa alguna que se desvíe de los preceptos del Señor, 5 sino que tanto sus mandatos como su doctrina deben penetrar en los corazones como si fuera una levadura de la justicia divina, 6 Siempre tendrá presente el abad que su magisterio y la obediencia de sus discípulos, ambas cosas a la vez, serán objeto de examen en el tremendo juicio de Dios. 7 Y sepa el abad que el pastor será plenamente responsable de todas las deficiencias que el padre de familia encuentre en sus ovejas. 8 Pero, a su vez, puede tener igualmente por cierto que, si ha agotado todo su celo de pastor con su rebaño inquieto y desobediente y ha aplicado toda suerte de remedios para sus enfermedades, 9 en ese juicio de Dios será absuelto como pastor, porque podrá decirle al Señor como el profeta: «No me he guardado tu justicia en mi corazón, he manifestado tu verdad y tu salvación. Pero ellos, despreciándome, me desecharon». 10 Y entonces las ovejas rebeldes a sus cuidados verán por fin cómo triunfa la muerte sobre ellas como castigo.