Homilía del P. Manel Gasch i Hurios, abad de Montserrat (19 julio 2026)

Diumenge XVI durant l'any (A) / 75è aniversari de la professió monàstica del P. Xavier Morell, monjo de Montserrat

Abadía de Montserrat - ES 19 de julio de 2026
Sabiduría 12:13.16-19 / Romanos 8:26-27 / Mateo 13:24-43



“Para avanzar más y más hacia Dios”. Así termina la oración de conclusión de la renovación de los votos que ahora rezaremos.

Queremos que nuestras vidas tengan una dirección, que vayan hacia algún lugar. Me parece que es un sentimiento muy compartido. El trabajo, las relaciones humanas, la maduración personal y espiritual, tienen mucho más sentido cuando nos marcamos un horizonte. Esta línea tiene momentos muy diferentes durante la vida, pero nos sitúa de una manera concreta en el mundo, en una visión que mira hacia adelante siempre.

Esta dinámica pasa, para quienes creemos en el Dios de Jesucristo, por querer caminar con Él toda la vida. Pasa, tomando las palabras de la Virgen María que el P. Xavier Morell ha querido poner en el recordatorio de estos 75 años de profesión, por: “Haced todo lo que él os diga”.

Cada cristiano avanza de una manera muy concreta, la suya. El P. Xavier Morell tituló un libro autobiográfico: “El sentit d'una vida. Un monjo atípic”. Sin quitar ningún mérito a su recorrido vital, ciertamente interesante, cuando aterrizamos en la realidad de las personas, ¿hay alguien típico?

Dentro de poco repetiremos la frase: “Recíbeme, Señor, según tu palabra, y viviré. Que no me vea confuso en mi esperanza”. El “Recíbeme” es una confesión de fe y de esperanza y nos dice cómo vivirlas en tanto que monjes.

En el “Recíbeme, Señor” reconocemos a Dios que nos ha dicho una Palabra, una promesa. Él es capaz de recibirnos, de acogernos, por lo tanto, de estar a nuestro lado en este camino. El núcleo espiritual de esta frase es aplicable a todo aquel que cree, por eso os pido que no penséis que solo hablo para los monjes o los oblatos.

Nuestros días están enmarcados en Dios. La primera palabra del oficio divino rezado en latín era “Domine”. Ahora en catalán: “Abre mis labios, Señor,” es la quinta, contando pronombres y artículos, pero la idea es la misma. Al final del día también nos encomendamos a Dios para pedirle una noche tranquila y un fin bienaventurado. Es un rasgo de toda la oración cristiana de las horas. Todos los que la conocéis lo sabéis de cerca.

Entre este principio y este final del día, la fe está presente cada vez que nombramos a Dios. Pero, ¿en qué Dios creemos?

Inspirado en la liturgia de la Palabra de hoy, solo diré que creemos en un Dios de misericordia que, aun teniendo toda la fuerza y toda la autoridad como nos decía la primera lectura, la irradia por su moderación y por el trato humano con las personas.

Usted, que dispone de la fuerza, es moderado en las sentencias y nos gobierna con toda consideración: el poder, si quisiera, siempre lo tiene a mano. Obrando así, ha enseñado a su pueblo que los justos deben ser humanos con todos.

Unas palabras tienen su eco en la parábola del trigo y la cizaña, en la que Jesús prefiere que los criados no se precipiten a arrancar lo que es malo y da tiempo al tiempo, para ver más claramente y para dejar la ejecución de las valoraciones a quien corresponde, finalmente a Dios.

En nuestra vida personal todos hemos experimentado la misericordia de Dios. Después de 75 años de profesión, seguro que el P. Xavier nos podría hablar mucho de ello. Has visto al Dios compasivo y benigno, que nos perdona y que perdona a los demás, y has visto también el poder del odio que arranca la cizaña con criterios que no son los del Reino, como en el genocidio de Ruanda que viviste directamente en aquel país. Pero nunca esta maldad podrá poner un velo o tapar la verdadera naturaleza de Dios. Por eso, la fe nos hace decir con el salmo responsorial de hoy:

Tú, Señor, eres indulgente y bueno,

rico en amor para todo el que te invoca.

La “palabra” según la cual pedimos la acogida del Señor es la que se nos dice cada día, en cada evangelio, en cada oración, en cada lectura, a nosotros monjes y a todos los que perseveran en el camino de Jesucristo.

El “Recíbeme” es también una afirmación de esperanza, toda ella contenida en el “viviré”. Si nos detenemos en ello, decir “viviré” en toda su plenitud es fuerte. Significa ir más allá de las dificultades y problemas, para dar un sentido y una dirección a la existencia personal que sea realmente de vida.

La esperanza impregna las otras dos parábolas del Evangelio de hoy. El grano de mostaza crece y se convierte en un árbol. La levadura hace aumentar la masa. La paciencia nos permite verlo. Así, ambos resultados resultan útiles, para que los pájaros se aniden allí o para que la masa se convierta en pan.

A la esperanza le corresponde la paciencia. Ambas encajan muy bien en una vida que camina con Jesucristo al lado, haciendo “todo lo que Él nos diga”.

Tal vez esta dirección nos pida vivir el tiempo de una manera un poco más reposada, algo muy alternativo hoy en día, en la aceleración cotidiana y contemporánea. Aquí, la vida del monje y creo que de todo cristiano debería participar de esta dinámica que intenta dar a los procesos el tiempo que necesitan. La búsqueda de Dios y de su Reino se vuelve, en algunos, artística, como lo ha sido la del P. Xavier, en tantas dimensiones.

Aunque los juegos de manos y la magia que has utilizado para hablar del Reino y para entretener, la esperanza y la paciencia no son mágicas. El grano de mostaza y la levadura escondida solo necesitan esperar y confiar en que finalmente habrá un árbol y un pan.

May say some words for you, singers of the Cambridge Queen’s College. According to the monastic jubilee that we are celebrating, I have tried to explain how faith and hope are present in the central phrase of the monastic profession: “Receive me, O Lord, as you have promised, and I shall live; and do not disappoint me in my hope”. Let me use the titles of the pieces you had sung yesterday and will sing today to propose a Christian path, a life directed by and to Jesus Christ and the Gospel.

We can begin in the Brahms “Why? in the four times repeated “Warum” that asks God for an answer amidst the nonsense of the existence, using words of Job, but Bach and Brahms himself give us a way out because the Spirit helps, “Der Geist hilft”, to create in us a pure heart able to welcome Him (“Schaffe in mir Gott ein reines herz”).

Living in this Christian direction we could be with Standford among the happy ones, the “Beati quorum via integra est, qui ambulant in lege Domini” of today’s offertory, able to confess with Tallis the real meaning of every eucharist, like today’s that you are fully sharing with us monks, and pilgrims of Montserrat. “Verily, verily, I say unto you, He that believeth on me hath everlasting life. I am that bread of life”.

And finally, nothing could be better for our monastic Jubilee that to finish again with the Stanford singing the Te Deum, giving thanks to God that allow us all to be accepted in this family of faith and hope.

Damos gracias a Dios, P. Xavier, por haberte mantenido en la fe, en la esperanza, en la paciencia para la construcción de su Reino, por este camino que en su amor y misericordia ha pasado principalmente por Montserrat, donde llegaste aquel lejano 1943, mucho antes incluso de profesar, para formar parte de la Escolanía, por Alemania, por Guindamuyaga, por Ruanda y por el Miracle.

Esto es lo que agradecemos hoy: que Dios nos reciba a todos según su palabra para que podamos vivir. Una acogida que llega a la plenitud cuando Él mismo se nos da para que compartamos el pan y el vino de la eucaristía.
Etiquetas
Participación