12 de octubre de 2026
Virgen del Pilar, Virgen de Aparecida y San Serafín de Montegranaro
Hoy, día 12 de octubre, celebramos la festividad de la Virgen del Pilar; la Virgen de Aparecida; y san Serafín de Montegranaro, religioso.

Virgen del Pilar 

Según una antigua tradición, la Virgen se apareció en Zaragoza, a orillas del río Ebro, sobre una columna o pilar, al apóstol san Santiago, para confortarlo en su labor evangelizadora. La tradición sitúa este episodio en los inicios mismos del cristianismo, pero el culto a Santa María en Zaragoza está documentado al menos desde el siglo VII. Con el paso de los siglos, el Pilar se convirtió en uno de los principales santuarios marianos de la península ibérica.

En el lugar donde la tradición sitúa aquella primera iglesia se alza actualmente la basílica del Pilar, centro de fe y devoción mariana. La imagen que se venera en ella, de madera y de 36 centímetros de altura, es gótica, de la primera mitad del siglo XV, y está colocada sobre un pilar de jaspe de 1,70 metros de altura. La devoción pilarista sostiene que este pilar ha mantenido siempre el mismo emplazamiento.

Virgen de Aparecida 

Según la tradición, en el año 1717 tres pescadores encontraron en sus redes, en el río Paraíba, en São Paulo, una pequeña imagen de terracota de la Inmaculada Concepción. La llevaron a su casa y comenzaron a venerarla. La devoción a esta imagen se extendió progresivamente y dio origen al santuario de Aparecida, que se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación de Brasil. En el año 1930 fue proclamada patrona principal de Brasil.

San Serafín de Montegranaro, religioso capuchino 

Félix de Nicola nació en Montegranaro, Italia, en el año 1540, en el seno de una familia muy humilde. Desde joven trabajó de pastor y, en la soledad de las montañas, encontró tiempo para la oración y la meditación. A los diecisiete años ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, donde recibió el nombre de Serafín. A pesar de ser analfabeto, sus consejos eran buscados por personas de toda condición. Destacó por la sencillez, la mortificación y la obediencia, así como por su caridad hacia los pobres y su devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. Murió en Ascoli el 12 de octubre de 1604 y fue canonizado en el año 1767.