30 de septiembre de 2026
San Jerónimo y Santa Sofía
Hoy, día 30 de septiembre, celebramos la festividad de: san Jerónimo, presbítero y doctor; y santa Sofía, viuda y mártir.

San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

Nació hacia el año 345 en Estridón, en la frontera entre Dalmacia y Panonia, en el seno de una familia cristiana que le proporcionó una sólida formación. Tras estudiar en Roma y recibir el bautismo, se orientó hacia la vida eremítica durante un tiempo en el desierto de Calcis, en Siria, donde, además de dedicarse a la oración, profundizó en el estudio de las Sagradas Escrituras y en el conocimiento del griego y del hebreo. Fue ordenado presbítero en Antioquía y residió también en Constantinopla, donde amplió su formación teológica.

En el año 382 regresó a Roma y se puso al servicio del papa Dámaso I, quien le encomendó la revisión de las versiones latinas de la Biblia. De esta tarea surgió el texto bíblico conocido como Vulgata, que se convirtió en la principal traducción latina de la Biblia en Occidente. Tras la muerte del papa Dámaso, Jerónimo dejó Roma y, en el año 386, se estableció definitivamente en Belén, donde impulsó la vida monástica, vivió con gran austeridad y continuó incansablemente su labor de traducción y comentario de las Sagradas Escrituras, además de dedicarse a la predicación y a la dirección espiritual. Murió en Belén el 30 de septiembre del año 419 o 420. San Jerónimo es, junto con san Ambrosio, san Agustín y san Gregorio Magno, uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia de Occidente.

Santa Sofía, viuda y mártir

Su nombre significa “sabiduría”. Según la tradición, fue una viuda cristiana de Roma que, durante la persecución del emperador Adriano en el siglo II, vio cómo sus tres hijas, Fe, Esperanza y Caridad, eran martirizadas por su fe. Sofía repartió sus bienes entre los pobres y, tras dar sepultura a sus hijas, murió pocos días más tarde. La tradición sitúa su sepultura en la Vía Aurelia, en Roma.