15 de septiembre de 2026
Nuestra Señora de los Dolores y San Nicomedes
Hoy, día 15 de septiembre, celebramos la festividad de Nuestra Señora de los Dolores, bajo las advocaciones de Piedad, Soledad, Pía, María de la Cruz y Virgen del Mar; y la de san Nicomedes, mártir.

Nuestra Señora de los Dolores

El día después de la fiesta de la Santa Cruz, contemplamos el dolor de María en el seguimiento de su Hijo, un dolor que culmina al pie de la Cruz, al contemplar su muerte. Allí se cumple la profecía de Simeón, que había anunciado que una espada traspasaría su alma. El dolor de María muestra cómo la fidelidad al camino de Jesús conlleva también compartir la dureza y la oscuridad de su Cruz, para llegar con él a la vida. "Stabat Mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa dum pendebat Filius" ("Estaba la Madre dolorosa junto a la cruz llorosa mientras el Hijo colgaba").

La tradición cristiana contempla los siete dolores de María, los siete acontecimientos de la vida de Jesús que la hacen sufrir: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, el Niño perdido en Jerusalén, el encuentro con Jesús camino del Calvario, la presencia al pie de la Cruz, el descendimiento de Jesús muerto en el regazo de María y su soledad en el entierro del Hijo.

La tradición de los Dolores de María ha dado origen a numerosas advocaciones, como las de la Virgen de la Amargura, de la Piedad, la Dolorosa, la Soledad y María de la Cruz. También encontramos la Virgen del Mar, una advocación muy antigua vinculada a la gente de mar y que ha dado lugar al nombre de Mar.

San Nicomedes, mártir

Según una antigua tradición, Nicomedes era un presbítero romano que, durante la persecución del emperador Domiciano, fue descubierto enterrando a cristianos muertos por su fe. Detenido y obligado a sacrificar a los dioses, se negó y fue flagelado hasta la muerte. Su cuerpo fue arrojado al Tíber, pero un clérigo amigo suyo lo recuperó y lo sepultó en la Vía Nomentana. Su culto es muy antiguo: ya en el siglo V había en Roma una iglesia dedicada a él, y el papa Bonifacio V honró su sepulcro con una basílica sepulcral.